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Palabra Creadora

EL PROFETA ISAÍAS, PARTE III

EL PROFETA ISAÍAS,  PARTE III

EL SIERVO DE YAHVÉ

En su libro,  el Profeta Isaías,  incluye cuatro piezas líricas,  los “Cantos del Siervo” (Cap 42, 1-4; 49, 1-6; 50, 4-9; 52, 13 al 53, 12.  Presentan a un perfecto discípulo de Yahvé (del Yahvé que reúne a su pueblo y es luz de las naciones), que predica la verdadera fe, que expía,  con su muerte los pecados del pueblo y es glorificado por Dios.  Estos pasajes son los más estudiados del A. T., y no hay acuerdo ni en cuanto a su origen ni en cuanto a su significación.  Parece muy probable la atribución de los tres primeros cantos al Segundo Isaías;  es probable que el cuarto se deba a uno de sus discípulos.  Se discute mucho la identificación del Siervo. A menudo se ha visto en él una imagen de la comunidad de Israel, a la que efectivamente otros pasajes del Segundo Isaías dan el título de “siervo”.  Pero los rasgos individuales están demasiado marcados, por lo que otros exegetas reconocen en el Siervo a un personaje histórico del pasado o del presente; en esta perspectiva, la opinión más atrayente es la que identifica al Siervo con el mismo Segundo Isaías;  el cuarto canto habría sido añadido después de su muerte.  

Se ha considerado al Siervo como un individuo que reúne en sí los destinos de un pueblo.  De todos modos,  una interpretación que se limite al pasado o al presente no explica suficientemente los textos.  El Siervo es el mediador de la salvación futura, y esto justifica la interpretación mesiánica que incluso una parte de la tradición judía ha dado de estos pasajes,  excepto en el aspecto del dolor.  Por el contrario, son precisamente los textos acerca del Siervo doliente y su expiación vicaria los que Jesús ha recogido aplicándoselos a sí mismo y a su misión.  Ver Lucas 22, 19-20.37; Marcos 10, 45 y la primera predicación cristiana reconoció en él al Siervo perfecto anunciado por el Segundo Isaías (Mateo 12, 17-21 Juan 1, 29). 

La última parte del libro,  capítulos 56 al 66,  ha sido considerada como obra de algún otro profeta, al que se le ha llamado el Trito-Isaías o Tercer Isaías.  Hoy en día se reconoce generalmente que es una colección heterogénea.  El Salmo (largo poema que tiene la forma de un salmo de súplica colectiva) 63, 7 al 64, 11 parece anterior al fin del Destierro;  el Oráculo  del cap. 66, 1-4 es coetáneo de la reconstrucción del Templo hacia el 520 a. C. El pensamiento y el estilo de los caps. 60-62 los emparentan muy estrechamente con el Segundo Isaías.  Los caps. 56-59,  en conjunto pueden datar del siglo V a. C.  Los capítulos 65 y 66,  con la excepción del 66, 1-4,  de sabor fuertemente apocalíptico, han sido datados por algunos exegetas en la época griega,  pero otros los sitúan a la vuelta del Destierro.

No se sabe nada más de la vida del Profeta Isaías después del año 700.  Según una tradición judía, habría sido martirizado bajo Manasés.

EL PROFETA ISAÍAS (PARTE II)

EL PROFETA ISAÍAS (PARTE II)

Decíamos en nuestra primera parte,  que Isaías dejó una huella profunda en su época y creó escuela,  que sus palabras se conservaron y se añadieron otras,  lo que significa que el libro de este profeta recibió adiciones considerables de sus discípulos inmediatos o remotos.  Por ejemplo,  los capítulos 40 al 55 no pudieron ser elaborados por este profeta del siglo VIII.  No sólo no se nombra jamás en ellos a Isaías, sino que hasta el marco histórico es posterior a él en un par de siglos.  Jerusalén ha sido tomada,  el pueblo se halla cautivo en Babilonia.  Ciro aparece ya en escena y será el instrumento de liberación. 

Estos capítulos contienen la predicación de un anónimo, un continuador de Isaías, y gran profeta como él, al que, a falta de algo más concreto llamamos el Deutero-Isaías o Segundo Isaías,  que predicó en Babilonia entre las primeras victorias de Ciro, el 550 a. C., que permitían presagiar la ruina del imperio Babilónico y el edicto liberador del 538, que autorizó los primeros regresos.  

Entre las dos colecciones distintas de discursos del Profeta Isaías,  la primera del cap. I al 35 y la segunda, del 40 al 66,  se interpone una que tiene un rasgo más bien de historia narrativa, capítulos 36 al 39. La colección que realmente no sufrió una elaboración, presenta mayor unidad en los capítulos 1 al 39.                     

La segunda, comienza con lo que equivale a un relato de vocación profética, Cap 40,  1-11,  y finaliza con una conclusión, Cap 55, 6-13.  A tenor de sus primeras palabras “Consolad, consolad a mi pueblo”,  40, 1, se le llama “Libro de Consolacion de Israel.” y ese es, en efecto su tema principal. 

En este momento el juicio ha concluido con la ruina de Jerusalén,  el tiempo de la restauración está cerca y será una renovación completa.  Ha quedado demostrada la vanidad e impotencia de los falsos dioses,  se subraya la sabiduría y la providencia de Dios y por primera vez se expresa el universalismo religioso.

 

EL PROFETA ISAÍAS (I PARTE)

EL PROFETA ISAÍAS (I PARTE)

INTRODUCCIÓN AL PROFETA ISAÍAS

El profeta Isaías nació hacia el año 765 a. C.  El año de la muerte del rey Ozías,  en el 740 a.C., recibió en el templo de Jerusalén su vocación profética,  la misión de anunciar la ruina de Israel y de Judá en castigo de las infidelidades del pueblo (6, 1-13).  Ejerció su ministerio durante 40 años,  que fueron dominados por la amenaza creciente que Asiria hizo pesar sobre Israel y Judá.

Esta activa participación en los asuntos del país hace de Isaías un héroe nacional.  Es también un poeta genial. El brillo de su estilo, la novedad de sus imágenes le convierten en el  gran “Clásico”  de la Biblia.  Sus composiciones tienen una gran fuerza concisa, una majestad, una armonía que jamás volverán a lograrse.  Pero su grandeza es ante todo religiosa.  Isaías quedó impresionado para siempre por la escena de su vocación en el Templo, donde tuvo la revelación de la trascendencia de Dios y de la indignidad del hombre.  

Su monoteísmo tiene algo de triunfal, y también de pavoroso :  Dios es el Santo, el Fuerte, el Poderoso, el Rey.  El hombre es un ser manchado por el pecado, del que Dios pide reparación. Porque Dios exige la justicia en la relaciones sociales y también la sinceridad en el culto que se le tributa. Quiere fidelidad.  Isaías es el profeta de la fe y,  en las grandes crisis que atraviesa su nación, pide que sólo se confíe en Dios : es la única posibilidad de salvación.  Sabe que la prueba será dura, pero es el más grande de los profetas mesiánicos.  El Mesías que anuncia es un descendiente de David que hara reinar la paz y la justicia sobre la tierra y difundirá el conocimiento de Dios,   Cap 2 1-5; 7, 10-17; 9, 1-6;  11, 1-9; 28, 16-17.

Un genio religioso de esta magnitud dejó una huella profunda en su época y creó escuela.  Se conservaron sus palabras y se les añadieron otras.  El libro que lleva su nombre es el resultado de un largo trabajo de composición cuyas etapas es difícil establecer en su totalidad.  El plan definitivo recuerda el de Jeremías (según el griego) y Ezequiel: Capítulos del 1 al 12, Oráculos contra Jerusalén y Judá,  Capítulos del 13 al 23,  Oráculos contra las naciones y Capítulos del 24 al 35,  Promesas.  

Esta primera colección comprendida entre los capítulos 1 al 35 es denominada algunas veces como el “Primer Isaías” o "Proto-Isaías".

INTRODUCCIÓN AL ECLESIÁSTICO O SIRÁCIDA

INTRODUCCIÓN AL ECLESIÁSTICO O SIRÁCIDA

ECLESIÁSTICO O SIRÁCIDA

A este Libro “Deuterocanónico”,  el más extenso de los libros sapienciales,  se le designa de dos maneras distintas. El nombre de ECLESIÁSTICO que significa “Libro de la Asamblea” se hizo tradicional en la Iglesia Latina,  quizá por la frecuencia con que se lo utilizaba en los primeros siglos para la formación moral de los catecúmenos y de los fieles.  La mayoría de los manuscritos griegos, en cambio,  lo titulan “Sabiduría de Jesús,  hijo de Sirá”,  en hebreo Ben Sirá,  y de allí deriva el nombre de SIRÁCIDA que también se le suele dar. 

Su autor era un judío de Jerusalén culto y de buena posición,  que se dedicó desde su juventud al conocimiento de las Escrituras y a la búsqueda de la Sabiduría,  sobre todo por medio de la oración (51, 13). Como fino observador, aprovechó sus frecuentes viajes para completar su formación (34, 11).  Convertido en “maestro de sabiduría”,  orgulloso de su raza y de su historia nacional, dirigió en Jerusalén una escuela (51, 23), destinada a iniciar a los jóvenes en la adquisición de la Sabiduría.  Por último, hacía el año 180 a. C., recogió por escrito el fruto de sus reflexiones y de su larga experiencia.

La obra de Ben Sirá es un llamado de atención frente a la influencia de la cultura griega, que no cesaba de expandirse en el Próximo Oriente desde las conquistas de Alejandro Magno.  Él comprendió que ese nuevo movimiento de ideas no tardaría en entrar en conflicto con la fe de Israel.  Para contrarrestar el peligro, puso todo su empeño en preservar el patrimonio religioso y cultural del Judaísmo en esa época de transición. A diferencia de los “antiguos maestros de sabiduría”, que consideraban al hombre nada más que en su condición de tal,  al Sirácida le preocupaba antes que nada la formación del hombre “judío”.  Según él, la Sabiduría se ofrece a todos, pero puso su morada en Israel y en última instancia, se identifica con la Ley de Moisés.  De allí la necesidad de meditar constantemente “el libro de la Alianza del Dios Altísimo” (24, 23), para adquirir la verdadera Sabiduría y vivir en conformidad con la voluntad divina.

Está compuesto por una colección de sentencias que incluyen:

Origen de la Sabiduría,  Elogios a la Sabiduría,  El temor de Dios,  que implica el respeto filial a la infinita grandeza de Dios y la Obediencia a su voluntad expresada en la Ley.

El Sirácida es el último testigo inspirado de la corriente sapiencial dentro de Palestina.  El ideal de vida propuesto por él tiene las limitaciones propias de su época,  pero también encierra valores permanentes, que fueron asumidos por el N. T.  Su autor anticipa el retrato que hará Jesús del “escriba convertido en discípulo del Reino de los Cielos”,  él “se parece a un dueño de casa que saca de sus reservas lo nuevo y lo viejo” (Mt 13, 62).

 

SABIDURÍA

SABIDURÍA

INTRODUCCIÓN A LA SABIDURÍA

El Libro de la Sabiduría aparece en los manuscritos griegos con el nombre de “Sabiduría de Salomón”,  pero a continuación prevaleció el título más sencillo de “Libro de la Sabiduría”,  de donde surgió la denominación moderna de “Sabiduría”.  Se trata de un libro escrito originalmente en griego,  pero esto no indica que no  haya influencias semitas,  dada la poderosa influencia de las tradiciones bíblicas y judías.

Autor :  Es ficticia la atribución del libro a Salomón,  basada en la tradición bíblico-judía que reconoce en el soberano israelita al sabio por excelencia (Ver 1 Re 3, 5-14), a cuya autoría se refiere la literatura sapiencial. El objetivo de esta atribución es el de conferir al libro una autoridad indiscutible y vincularlo a toda corriente bíblico-sapiencial.

El autor, a pesar de acudir a varias fuentes, reúne los diversos elementos en una unidad orgánica, marcada profundamente por su personalidad.  El importante estudio literario que se ha hecho en los últimos decenios ha confirmado y puesto en evidencia que la lengua, el estilo, la estructura y la temática teológica confieren a todo el libro una auténtica unidad.

El autor es un judío profundamente religioso que probablemente pertenece a la comunidad de Alejandría en Egipto, abierto a la cultura griega, pero sobre todo animado interiormente de la intención de proponer a sus correligionarios la auténtica tradición de sus padres.

Destinatarios : Este libro va dirigido, en primer lugar a los correligionarios judíos del autor,  pero éste podría dirigirse también al mundo pagano,  especialmente a los ambientes más sensibles a la problemática religiosa,  bien para ilustrar el contenido auténtico de la fe judía contra los numerosos prejuicios y oposiciones de la época,  bien para proponer de forma bastante discreta esta misma fe como opción de vida.

Fecha de composición :  Probablemente se compuso en los primeros años de la ocupación romana de Egipto por parte de Augusto,  que tuvo lugar a partir del año 30 a. C.

Mensaje teológico :  En el centro de la teología del libro se yergue la figura de la sabiduría que se presenta como una persona distinta de Dios, animada por un espíritu (Ver cap 7, 22) y sentada en un trono junto a Dios (9, 4).  No se trata de un artificio simplemente literario, sino de un medio eficaz para subrayar la realidad de la acción y de la presencia de Dios en el hombre y en el cosmos.  Esta sabiduría  es el alma de toda la historia de la salvación, a partir de Adán hasta el acontecimiento del éxodo :  en efecto,  el autor va repasando en su libro la historia de la salvación a la luz de la sabiduría,  subrayando precisamente en esa historia la presencia amorosa de Dios en medio de su pueblo.

Esta presencia de la sabiduría es la que permite dar una respuesta al interrogante sobre el destino del hombre después de la muerte y sobre la clamorosa injusticia del sufrimiento del justo y del éxito del impío.  Efectivamente,  el hombre es inmortal y está llamado a participar de la vida misma de Dios,  gracias precisamente al don de la sabiduría.

 

ECLESIASTÉS O QOHÉLET

ECLESIASTÉS O QOHÉLET

INTRODUCCIÓN AL LIBRO ECLESIASTÉS O QOHÉLET

El Eclesiastés ha sido tal vez el gran olvidado de los libros sapienciales y bajo nuestro punto de vista el que menos se ha entendido. Entonces, para poder extraer de él todo lo que nos ofrece, es necesario conocer ciertos datos sobre el contexto del escritor y luego reflexionar sobre una ética distinta,  haciendo a un lado la etiqueta de pesimista que se ha querido imponer a este libro.

El Eclesiastés,  que quiere decir “El Predicador”, vivió en el siglo III a. C.  En ese momento Palestina estaba dominada por  Egipto, y a este imperio sólo le interesaba obtener riqueza a costa de sus súbditos.  Se imponía por todas partes la lengua griega y el helenismo, es decir la cultura griega. Jerusalén se salvó por un tiempo de esta invasión cultural, pero finalmente sucumbió ante el poder político de las familias que tenían el manejo de los negocios.  Era una verdadera penetración de comerciantes griegos y aparentemente no había quien pudiera hacerles frente y la fe en el Dios de Israel se perdía día, tras día.  Es entonces cuando surge un maestro de la Ley y acepta el desafío.  Este Predicador polemista (este es el sentido de la palabra Eclesiastés,  en hebreo Qohélet :  el que convoca,  el que interpela),  pone en tela de juicio las certezas de la filosofía griega, que pretendía develar las incógnitas de la existencia.  Los discípulos de ese desconocido publicaron su obra atribuyéndola a Salomón,  rey que se ganó la reputación de sabio,  resumiendo las enseñanzas de su maestro en este breve escrito de sólo 12 capítulos,  que tal vez sirvió para la enseñanza en la Escuela del Templo.  Parece haber sido redactado hacia los años 240 a 220 a. C.

CARACTERÍSTICAS PRINCIPALES

Es de resaltar que una de las características de este libro es la repetición de las mismas palabras, pero procurando que cada vez expresen nuevos significados. Igualmente, podríamos aventurarnos a pensar que la tesis sobre la que se desarrollaría el pensamiento de Qohélet podría ser “la vanidad de vanidades”,  pero eso sería agotar en unas cuantas palabras su enseñanza.  Sin embargo,  al afirmarlas tantas veces, las convierte en pilar fundamental a la hora de entender este libro en su totalidad.  Para el Qohélet  la vanidad de vanidades es una sentencia de gran importancia reforzada en el Cap 7, 15 “En mi vano vivir, de todo he visto: justos perecer  en su justicia, e impíos envejecer en su iniquidad” y en el 9, 9 “Vive la vida con la mujer que amas todo el espacio de tu vana existencia que se te ha dado bajo el sol, ya que tal es tu parte en la vida y en las fatigas con que te afanas bajo el sol”.

Parece que  el Eclesiastés se desmarca dentro de la literatura sapiencial,  como una obra de transición. Las seguridades tradicionales se debilitan, pero nada firme las sustituye aún.   La visión de este autor nos parece incompatible con el lenguaje de los salmistas o de los proverbios de Salomón,  y el problema que plantea coincide parcialmente con el de Job : ¿Tienen acá en la tierra su sanción el bien y el mal? La respuesta de Qohélet como la de Job es no,  porque la experiencia contradice todas las soluciones admitidas (7, 25 a 8, 14).  La diferencia consiste en que  El Predicador es hombre de buena salud y no busca como Job la razón del sufrimiento, comprueba la vacuidad del bienestar y se consuela recogiendo los modestos goces que puede ofrecer la existencia.

En cuanto al conocido Cap. 3 que trata sobre la muerte,  podríamos llegar a pensar que todo está escrito,  que no podemos hacer nada para cambiar la historia puesto que “ Todo tiene su momento, y cada cosa su tiempo bajo el cielo”.  Sin embargo,  nuestra historia la vamos escribiendo nosotros mismo,  Dios es una guía, un camino,  una forma de ir escribiendo esta vida.  El Señor nos ofrece un Kairós (tiempo de Dios) para cada aspecto de nuestra existencia. Habría que extraer el provecho de este regalo,  tendríamos que aprender todo lo que nos enseña y ponerlo en beneficio de la construcción del pueblo de Dios.

 

 

EL LIBRO DE PROVERBIOS

EL LIBRO DE PROVERBIOS

El Libro de Proverbios en el A. T. hace parte de libros poéticos y Sapienciales de la Biblia y consiste en una gran agrupación de sentencias, refranes, máximas y poemas que fueron compuestos entre el siglo X al IV a. C.  Los exégetas creen que la última redacción del libro se hizo en tiempos de Esdras. 

De manera convencional se ha atribuido a Salomón, pues este rey es considerado como el prototipo de la sabiduría israelita,  pero se considera que son muchos los sabios que contribuyeron a la composición y recolección de ese compendio y se menciona específicamente a los “hombres de Hezekih”. 

Proverbios debe su nombre al versículo 1.1.,  donde se dice que su contenido lo constituyen los proverbios o parábolas de Salomón.  Sin embargo,  ni el nombre de parábola, ni el de proverbio corresponden al hebreo “mashal” (plural “mashalim).  La Sagrada Escritura denomina “mashal” no sólo a las parábolas o semejanzas, sino más bien a todos los poemas didácticos y en particular las sentencias y máximas que encierran una enseñanza. 

Casi todos los pueblos antiguos han tenido su sabiduría, distinta de la ciencia, y es la síntesis de la experiencia que enseña a vivir con provecho para ser feliz.  La sabiduría de la Sagrada Escritura es toda divina, es decir,  inspirada por Dios,  lo cual implica su inmenso valor.  Esto indica que no se trata de dar fórmulas verdaderas en sí mismas, que pueden hacer del hombre el autor de su propia felicidad, a la manera estoica,  sino que es como decir : " Si tú me crees y te atienes a mis palabras,  Yo tu Dios, que soy también tu amantísimo Padre, me obligo a hacerte feliz,  comprometiendo en ello toda mi omnipotencia."  De ahí el carácter y el valor eminentemente religioso de este Libro,  aun cuando no habla de la vida futura sino de la presente,  ni trata de sanciones o premios eternos sino temporales. 

Resumiendo,  el libro de Proverbios no es un código de obligaciones sino un tratado que lleva a la felicidad.  A través de este libro se nos entrega por boca de los más sabios,  los más altos secretos de la sabiduría (en hebreo “Jokmah”).  Se trata sin duda alguna de una sabiduría eminentemente práctica, que desciende a veces a los detalles,  enseñándonos por ejemplo a desconfiar de las fortunas improvisadas (13, 11;  20,21),  del crédito (22,7) y de los hombres que adulan o prometen grandes cosas (20,19).  

Por último al invitarlos a la lectura asidua y juiciosa de este libro,  les podemos decir que el mismo tiene un carácter universal porque abarca todas las facetas de los conflictos existenciales de la humanidad,  enseñando al hombre el temor de Dios,  es decir el respeto y reverencia que le debemos por lo que Dios es y hace a favor de todo ser humano,  sea sabio, justo, insensato o injusto.

 

ARGUMENTO - LIBRO DE JOB

ARGUMENTO - LIBRO DE JOB

El Prólogo presenta  las circunstancias en que se desarrolla el drama y de los personajes que en él intervienen.  El protagonista, Job, es un rico hacendado (1, 3) que vive con su familia en el país de Us, población situada, según se cree, en la región aramea que se extendía hacia el sudoeste de Palestina.  Era un hombre de fe, descrito como “perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal” (1,1).  Job es víctima de una cadena de desdichas que lo dejan bruscamente sin hijos y sin hacienda,  enfermo y reducido a una condición miserable (7, 4-5).  Pero,  a pesar de todas las desgracias el confía en Dios y lo bendice (1, 21), no deja que sus labios pequen contra el Señor. 

En aquella situación,  tres amigos del protagonista acuden a “condolerse con él y a consolarlo” :  Elifaz, el temanita, Bildad el suhita y Zofar el naamatita (2, 11).  Contestando los lamentos de Job, sus visitantes hablan por turno y él responde a cada intervención.  De esta manera se disponen tres series de discursos (3, 1 al 31, 40), a cuyo término aparece otro personaje, el joven “Eliú hijo de Baraquel, el buzita (32, 2 cf. v6) que toma la palabra para reprender con ironía a Job y a sus amigos.  Ninguno de ellos replica el largo y afectado discurso de Eliú (32, 6 al 37, 24),  después del cual Yahvé mismo interviene y pone fin a todo el diálogo (38-41),  al que sólo seguirán unas palabras de arrepentimiento pronunciadas por Job (42, 1-6),  inmediatamente antes del Epílogo en prosa.

Las lecciones que sugiere este libro son dos :  El poder del mal en la vida humana,  y el uso del sufrimiento en el plan divino como un medio de perfeccionar el carácter.

El personaje central de este libro llegó a descubrir el rostro del verdadero Dios a través del sufrimiento.  Para ello tuvo que renunciar a su propia sabiduría y a su pretensión de considerarse justo.  No es otro el camino que debe recorrer el cristiano, pero éste lo hace iluminado por el mensaje de la cruz, que da un sentido totalmente nuevo al misterio del dolor humano. (“Los sufrimientos del tiempo presente no pueden compararse con la gloria futura que se revelará en nosotros.”  Rom 8, 18)

 

 

EL LIBRO DE JOB

EL LIBRO DE JOB

 

No se conoce la identidad del autor,  ni la época en que vivió.  Respecto a ésto y otros datos personales, nada dice el texto.  Sin embargo,  partiendo de ciertos indicios, puede reconocerse que la obra atravesó diversas etapas antes de alcanzar su forma definitiva,  posiblemente  alrededor del siglo V a. C.  Por otro lado,  hay que enfatizar en que fue un poeta excepcional,  tanto en lo concerniente al contenido de la obra,  como al dominio del idioma.  Un poeta que además poseía una gran experiencia de la vida y una mente crítica y audaz que lo impulsaba a discutir posiciones doctrinales tenidas en aquel entonces como irrefutables.

El lugar donde transcurre el relato es el país de Us y el tema principal es el problema del justo que sufre.  El libro es poético y pictórico en sus descripciones y está escrito en prosa y verso, así : Prosa :  Prólogo,  capítulos 1 y 3 y el epílogo, capítulo 42,  7-17,  en un breve pasaje de transición, capítulo 32, 1-6 y en algunos versículos introductorios del diálogo. Verso :  El resto del libro,  prácticamente la totalidad del cuerpo del escrito es poesía.

Personajes :  Job,  Elifaz, Bildad, Zofar,  Eliú.

LOS LIBROS SAPIENCIALES

LOS LIBROS SAPIENCIALES

 

Por encima de las formas literarias, aún las más simples, el origen de la sabiduría ha de buscarse en la vida de familia o de clan.  Las observaciones sobre la naturaleza y sobre los hombres, acumuladas de generación en generación, se expresaron en sentencias, en dichos de campesinos, en breves apólogos, que contenían una aplicación moral y que servían de reglas de conducta.  El mismo origen puede atribuirse a las primeras formulaciones del derecho consuetudinario, que en ocasiones coinciden, en su contenido y no solamente en su forma, con las sentencias de sabiduría.  Esta corriente de la sabiduría popular prosiguió paralelamente a la formación de las colecciones sapienciales.

La brevedad de las sentencias, que así se imprimen en la memoria, las hacía aptas para la enseñanza oral.  El padre o la madre se las enseña a su hijo.  Por su parte,  el maestro seguirá llamando “hijo” al discípulo a quien forma, porque los sabios hacen escuela.

Es de anotar que en  aquella época la sabiduría se convierte en privilegio de la clase instruida, y por lo mismo de la que también sabe escribir.  Sabios y escribas aparecen juntos en Jeremías 8, 8-9 y Sirácida (Eclesiástico) 38, 24  39, 11,  ensalza el oficio de escriba, que le permite adquirir la sabiduría, contraponiéndola a los oficios manuales.

De entre los escribas designaba el rey a sus funcionarios, y en la corte se desarrollaron antes que en sitio alguno las doctrinas de sabiduría.  Esos sabios no sólo coleccionaban máximas antiguas,  también las escribían.

La forma más simple y más antigua de la literatura sapiencial es el “mashal”.  Este es en plural, el título del libro que nosotros llamamos Proverbios. El “mashal” es, más exactamente una fórmula sorprendente que cautiva la atención, un dicho popular o una máxima.  Las colecciones antiguas de los Proverbios sólo contienen sentencias breves.  Más adelante,  el “mashal” se desarrolla se hace parábola o alegoría, discurso o razonamiento.  Esta evolución sensible ya en pequeñas secciones añadidas a los Proverbios y más aún en el prólogo, Pr 1,9, se precipita en los libros siguientes :   Job o la Sabiduría que son grandes obras literarias.

El A. T. recoge bajo el nombre de “libros sapienciales” a cinco libros :  Job, Proverbios, Eclesiastés (o Qohelet), Eclesiástico (o Sirácida) y Sabiduría,  sobre cada uno de los cuales, más adelante haremos una breve reseña.

 

 

 

 

ORAR CON LOS SALMOS

ORAR CON LOS SALMOS

 

Es tan evidente la riqueza religiosa de los salmos que no son necesarias muchas palabras.  Ellos fueron la oración del Antiguo Testamento, en la que el mismo Dios inspiró los sentimientos que sus hijos deben albergar con respecto a él y las palabras de que deben servirse al dirigirse a él. Los recitaron Jesús y la Virgen, los Apóstoles y los primeros mártires.  La Iglesia cristiana ha hecho de ellos, sin cambiarlos, su oración oficial.  Sin cambios, esos gritos de alabanza, de súplica de acción de gracias, arrancados a los salmistas en las circunstancias de su época y de su experiencia personal, porque expresan la actitud que todo hombre debe adoptar ante Dios.

Sin cambios en las palabras, pero con un enriquecimiento considerable del sentido: en la Nueva Alianza, el fiel alaba y agradece a Dios que le ha revelado el secreto de su vida íntima, que le ha rescatado con la sangre de su Hijo, que le ha infundido su Espíritu, y, en la recitación litúrgica, cada salmo concluye con la doxología trinitaria de la Gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.  Las viejas súplicas se hacen más ardientes una vez que la Cena, la Cruz y la Resurrección han enseñado al hombre el amor infinito de Dios, la universalidad y la gravedad del pecado, la gloria prometida a los justos. Las esperanzas cantadas por los salmistas se realizan; el Mesías ha venido y reina, y todas las naciones son llamadas para que lo alaben.

 

LOS SALMOS

LOS SALMOS

El Salterio es la colección de los ciento cincuenta salmos que conforman este libro. Su nombre se deriva del griego Psalterion, propiamente el nombre del instrumento de cuerda que acompañaba a los cantos o salmos.

Desde el punto de vista estilístico se distinguen tres grandes géneros : los himnos, las súplicas y las acciones de gracias.  Sin embargo, no se trata de una división propiamente dicha, ya que existen dentro de los salmos formas secundarias, irregulares o mixtas, y no siempre corresponde a un agrupamiento de los salmos que se pudieran hacer según sus temas o sus intenciones.

Los himnos tienen una composición bastante uniforme.  Todos comienzan con una exhortación a la alabanza divina. El cuerpo del himno detalla los motivos de esta alabanza, los prodigios realizados por Yahvé en la naturaleza, especialmente su obra creadora, y en la historia, particularmente la salvación concedida a su pueblo.  La conclusión repite la fórmula de introducción o expresa una oración. 

Los himnos son los salmos 8, 19, 29, 33, 46-48, 76, 84, 87, 93, 96-100, 103-106, 113, 114, 117, 122, 135, 136, 145, 150.

En cuanto a las súplicas, o salmos de sufrimiento, o lamentaciones, a   diferencia de los himnos, las súplicas no cantan las glorias de Yahvé, sino que se dirigen a él.  Generalmente comienzan con una invocación, a la que acompaña una petición de ayuda, una oración o una expresión de confianza. En el cuerpo del salmo se intenta conmover a Yahvé describiendo la triste situación de los suplicantes,  con metáforas que son tópicos y que rara vez permiten determinar las circunstancias históricas o concretas de la oración : se habla de las aguas del abismo, de las asechanzas de la muerte o del Seol, de enemigos o de bestias,  todos ellos amenazantes. También encontramos protestas de inocencia y confesiones de pecado como el Miserere (Salmo 51) y otros salmos de penitencia.  Estas súplicas pueden ser colectivas o individuales. 

La súplica concluye a menudo, a veces abruptamente,  con la certeza de que la oración es atendida y con una acción de gracias,  por ejemplo los Sal 6, 22, 69,140.

Por último,  los salmos de Acción de Gracias,  en los que predomina el agradecimiento  que puede convertirse en lo esencial del poema, que no son muy numerosos,  así tenemos los Sal  18, 21, 30, 33, 34, 40, 65-68, 92, 116, 118,124,129,138, 144

LOS PROFETAS DEL POST EXILIO

LOS PROFETAS DEL POST EXILIO

 

REGRESO DE LOS JUDÍOS DE BABILONIA

En el año 539 a. C. el rey persa Ciro, conquista a Babilonia y permitió que los judíos regresaran nuevamente a Jerusalén a reedificar la ciudad.  En esa liberación, el pueblo de Israel sale en tres diferentes grupos.  El primero sale del 536 a. C., después de 70 años de cautividad.  Recordemos que Daniel fue llevado cautivo en el 606 a. C.  Sin embargo,  fueron sólo 50.000 personas las que quisieron regresar con Zorobabel, el líder del primer grupo.  Este primer grupo reedifica el templo. Ageo,  Zacarías y Malaquías  fueron algunos de  los profetas de ese tiempo.

Ageo y Zacarías animaron al pueblo a levantarse y construir el templo;  Zacarías recibió una serie de visiones apocalíticas que describían el glorioso futuro que aguardaba a Israel durante la era de la restauración si eran fieles a Dios (Za 6, 15). Como un siglo después vino Malaquías y con él el fin del canon profético del A. T.

En el año 516 a. C. se completó el templo de Zorobabel, el cual es el segundo templo.  El primero fue destruido por Nabucodonosor y el segundo fue reedificado por Zorobabel.  En el 516 a. C. el templo fue dedicado,  setenta años después que el primero fuera destruido en el 586 a. C.

PROFETAS DEL EXILIO

PROFETAS DEL EXILIO

DEPORTACIÓN A BABILONIA.

El "Reino del Sur" que tenía como capital a Jerusalén,  existió unos cien años más que el "Reino del Norte",  alrededor de 150 años.  En el año 606 a. C.,  Nabucodonor, rey de Babilonia, atacó a Jerusalén por primera vez y se llevó prisionero a un grupo de Judíos.  Entre ellos se encontraba Daniel el Profeta y un grupo de jóvenes. En el año 597 a. C., Nabucodonosor hizo un segunda excursión y se llevó otro grupo de prisioneros del reino del Sur,  el reino de Judá. Dentro de esos prisioneros estaba Ezequiel el Profeta.  Nabucodonosor hizo una tercera invación llevándose al rey judío Sedecías y matando a sus hijos.  También destruyó el templo de Salomón y le prendió fuego a la ciudad llevándose a los ciudadanos más prominentes y dejando sólo a los más pobres.  En Babilonia los judíos servirían 70 años.  En ese tiempo Daniel llega a ocupar una posición prominente en el reino Babilónico.  También en ese año, 586 a. C. terminó el reino Davídico hasta el día de hoy, y dió comienzo al "tiempo de los gentiles".

Se consideran profetas del Exilio a Jeremías, Ezequiel, Daniel y quizá Abadías.

La meta principal de los mensajes de este periodo fue ayudar a Judá a comprender el propósito que Dios tenía al permitir el cautiverio, inspirar esperanza en una restauración y elevar los ojos de los judíos a la glorioso oportunidad que los esperaba al regresar de la cautividad si eran fieles a Dios. 

Jeremías entregó sus mensajes a los habitantes de Jerusalén y Judá antes y durante el comienzo del cautiverio y Ezequiel dirigió a los exiliados en Babilonia.  Daniel por su parte,  fue enviado a la corte de Nabucodonosor para comunicar la voluntad de Dios al gran monarca y conseguir su cooperación con el plan divino para el pueblo de Dios.

 

LA PROFECÍA EN ISRAEL : Mensaje de Esperanza

LA PROFECÍA EN ISRAEL : Mensaje de Esperanza

El profetismo hebreo, en su especifidad, constituye un fenómeno único en la historia religiosa de la humanidad.  Preparó la revelación del Verbo de Dios en el cristianismo y con el cristianismo permanece como punto de referencia para discernir la auténtica comunicación del Dios Altísimo a los hombres de todos los tiempos,  como dijo el gran pensador K. Jaspers.

La palabra PROFETA es una voz griega y designa "al que habla por otro" o sea, en lugar de otro. En hebreo se denomina NABI,  que significa vocero.

Los grandes profetas de Israel suelen dividirse en dos categorías :  Profetas preclásicos, desde los siglos XI al IX,  y los Profetas Clásicos o "Escritores", desde los siglos VIII al IV a. C.

Tanto su presentación en los libros históricos, 1-2 Sam y 1-2 Re,  como sus mensajes consignados generalmente en los Libros Proféticos, nos llegan a través de la comunidad israelita que los escuchó, los valoró y los actuó de generación en generación.  Una comunidad formada en parte en su escuela, pero que llevaba en sí desde los orígenes el carisma de una asistencia divina especial,  en virtud de una promesa de bendición reiterada a lo largo de los siglos a sus padres (Gen 12-15; Dt 12; 2Sam 7).

Por la eminente figura de Moisés, "el profeta que hablaba con Dios cara a cara" (Ex 33, 11; Dt 34, 10),  se modelan en la predicación y en las actitudes :

Samuel, Ajías, Semayas, Natán, en los siglos XI-X

Elías, Míqueas hijo de Yimlá, en el siglo IX

Amós, Oseas, Isaías, Miqueas, en el siglo VIII

Sofonías, Jeremías en los siglos VII - VI

Ezequiel, el Deutero-Isaías, durante el exilio babilónico (598-538)

Ageo, Zacarías, Joel, Malaquías y otros después del destierro.

LOS LIBROS HISTÓRICOS

LOS LIBROS HISTÓRICOS

Son los Libros Históricos, en su forma definitiva,  obra de una escuela de hombres piadosos,  imbuidos en las ideas del Deuteronomio, que meditan sobre el pasado de su pueblo y deducen de él una lección religiosa. Igualmente, nos han conservado las tradiciones o textos que se remontan hasta la época heróica de la conquista, con la narración de los hechos sobresalientes de la historia de Israel.

La sucesión de hechos es la siguiente :

1. LOS JUECES.  Durante unos doscientos años, el Pueblo de Israel fue gobernado por los ancianos que conocían la Ley del Señor.  En ese tiempo, Abimélek trata de instaurar en Siquem una realeza de tipo cananeo (Jue 9, 1-7),  pero la institución tropieza con una fuerte resistencia ideológica (9, 8-20), fracasando lamentablemente (9, 22-57).  Fue ante el peligro filisteo cuando los ancianos de Israel comenzaron a desear un rey que los juzgara y dirigiera  sus guerras (Isa 8, 19).

2. INSTITUCIÓN DE LA MONARQUÍA.

SAÚL, PRIMER REY DE ISRAEL.  Samuel, aunque uno de los relatos del hecho le atribuye una actitud de oposición (8, 6; 10, 17ss; 12, 12),  por considerarse la monarquía una institución ambigua,  consagra religiosamente la institución confiriendo la unción a Saúl (9, 16s; 10, 1) y presidiendo su coronación.  Esta Monarquía se inserta en un marco más amplio, cuyos rasgos fundamentales son fijados siempre por el pacto de la Alianza.  Saúl como los jueces, es un jefe carismático guiado por el Espíritu de Yahvé.

Dios le dio al pueblo a Saúl como rey para que lo gobernara (1 Sam 8).  Tenía que ser como el representante de Dios.  Saúl,  no obstante se portó mal,  no dando a respetar la Ley de Dios.  Entonces,  Dios lo rechazó y señaló como rey a David, un pastor de Belén (1 Sam 3, 1  2Sam 1)

3. DAVID,  PECADOR Y SANTO (2 Sam 11 y 12).  David sucede a Saúl, primero en Judá (2 Sam 2, 1-4) y luego en Israel (5, 1ss).  Sin embargo,  con David la monarquía da un nuevo paso :  el reino se organiza políticamente, según el modelo de los estados vecinos, y sobre todo la profecía de Natán hace de la dinastía Davídica una institución permanente del pueblo de Dios, depositaria de las promesas divinas.

David era muy valiente.  Luchó en contra de los enemigos de su pueblo y los venció hasta poner en paz a todo el reino.  Pero él también  se olvidó de Dios y por quedarse con la mujer de Urías, le hizo matar, cometiendo así dos pecados graves.  Mandó Dios al profeta Natán,  para amonestarle y David se dió cuenta de mal que hizo y pidió perdón a Dios.  A partir de entonces,  observó la Ley del Señor alabando a Dios.

4. DIOS PROMETE UN REINO ETERNO (2 Sam 7, 16).  La promesa más grande que hizo Dios a David, fue que gobernaría su pueblo un descendiente suyo para siempre. El descendiente de David sería Jesús, y su pueblo seríamos nosotros. "El nuevo pueblo de Dios,  es decir la Iglesia de Cristo."

5. SALOMÓN CONSTRUYE EL TEMPLO (2 Cron 6, 14-42).  Cuando murió David, su hijo Salomón tomó su lugar.  Salomón construyó un templo a Dios, según indicaciones que le había dado el mismo Dios.

6. DIVISIÓN DEL REINO.  Después de la muerte de Salomón, el pueblo de Israel se dividió en dos :  Samaría, capital del Reino del Norte y Jerusalén, capital del Reino del Sur.

 

EL LIBRO DEL DEUTERONOMIO

EL LIBRO DEL DEUTERONOMIO

El DEUTERONOMIO es un código de leyes civiles y religiosas, (Cap 12, 1 al 26,15), que se inserta en un discurso de Moisés (Cap 5-11 y 26, 16 al 28).  Este conjunto va precedido a su vez de un primer discurso de Moisés ( Cap 1-4), y seguido de un tercero, (Cap 29-30), y de trozos que se refieren a los últimos días de Moisés;  misión de Josué, cántico y bendiciones de Moisés, su muerte, (Cap 31-34). 

 El código deuteronómico  repite, en parte, leyes de bloques legislativos que ya han aparecido antes.  Los discursos recuerdan los grandes acontecimientos del EXODO, del Sinaí y del inicio de la conquista, deducen su sentido religioso, subrayan el alcance de la ley y exhortan a la fidelidad.

 El libro del DEUTERONOMIO se distingue por su estilo oratorio y ampuloso, con repetición de fórmulas rotundas, y su doctrina constante : Dios, por puro beneplácito, ha elegido a Israel de entre todos los pueblos como pueblo suyo; la elección y el pacto que la sanciona exigen la fidelidad de Israel a la Ley de su Dios en un santuario único.  Está emparentado con tradiciones del reino del Norte y con la corriente profética, sobre todo con Oseas.  La comparación con la reforma de Josías, inspirada por el descubrimiento de un “libro de la ley” (1R 22-23), que aparece ser el Deuteronomio, probaría que este libro existía ya hacia el 622-21 a C., probablemente en forma más breve que la actual.

 El núcleo de este libro puede recoger los usos del Norte llevados  Judá por los levitas tras la caída de Samaría.  Esta ley, acaso enmarcada ya en un discurso de Moisés, pudo haber sido depositada anteriormente en el templo de Jerusalén.  Pero también pudo ser compuesta en tiempo de Josías al servicio de su proyecto de reforma.  Su “descubrimiento” en el templo sería la manera de revestir ese proyecto de una autoridad de la que carecería una obra contemporánea.

 El DEUTERONOMIO es,  pues, una obra de escuela: aunque no es completamente homogéneo,  ni teológica ni literalmente,  las adiciones rezuman el mismo espíritu.  Las adiciones, posiblemente relacionada con la redacción o revisión de “la historia deuteronomista”, pudieron hacerse durante el destierro de Babilonia o después de él,  al menos en parte.

 

 

 

EL LIBRO DE NÚMEROS

EL LIBRO DE NÚMEROS

 

El libro de NÚMEROS reanuda el tema de la marcha por el desierto.  La partida desde el Sinaí se prepara con un censo del pueblo (Cap. 1-4), y las grandes ofrendas con motivo de la dedicación de la Tienda (Cap. 7). 

Después de celebrar la segunda Pascua, dejan el Monte Santo (Cap 9-10), y llegan por etapas a Cades, desde donde se intenta con mala fortuna la penetración en Canaán por el Sur (Cap. 11-14). 

Tras una larga estancia en Cades, vuelven a ponerse en camino y llegan a las estepas de Moab, frente a Jericó (Cap 20-25).  Vencen a los madianitas,  y las tribus de Gad y Rubén se establecen en Transjordania (Cap 31-32).  Una lista resume las etapas del Exodo (Cap 33). 

En torno a estos relatos se agrupan nuevas disposiciones que completan la legislación del Sinaí o preparan el establecimiento en Canaán (Cap. 5-6; 8; 15-19; 26-30, 34-36). 

Lo ocurrido durante los 40 años de peregrinación,  contiene importantes enseñanzas y santas instrucciones,  entre ellas veremos : 

-      Se aclaran en muchos apartes  de los NÚMEROS,  que bajo el velo de hechos históricos o de preceptos legales, existe un delineamiento de  los misterios de Jesucristo y de la iglesia.

-      Se pone de relieve el respeto que se debe a todo lo concerniente al culto Divino.

-      Se ejemplifica con el castigo de Coré, Datán y Abirón,  lo que sucede a los que usurpan las funciones de los sacerdotes.

-      La burra de Balaam es una muestra de que Dios se vale algunas veces de lo que nos parece despreciable para confundir el orgullo de los sabios del mundo.

-      El castigo de Moisés y Aarón por haber desconfiado de Yahvé,  ya que mueren sin hacer entrar a los Israelitas a la Tierra Prometida.

Estaba reservado a Jesucristo el hacer entrar a los hombres en el Reino de los Cielos, después de haberles hecho pasar por las aguas del Jordán o sea la figura bautismal.

LIBRO DEL LEVÍTICO

LIBRO DEL LEVÍTICO

Este libro, fue llamado por los Hebreos "Y LLAMÓ",  palabras con que comienza el texto hebreo;  luego  los Griegos y después los Latinos lo llamaron  LEVÍTICO, por tratarse en él los ritos, sacrificios y demás cosas que estaban a cargo de los hijos de Leví, y por ser como un ritual o ceremonial para los ministros destinados al culto de Dios, que formaban aquella tribu, escogida por el Señor para dicho fin.

Lo que refiere el Levítico ocurrió en el primer mes del año segundo,  después de la salida de Egipto,  estando los israelitas acampados al pié del Monte Sinai (Cap 27, 34).

El LEVITICO puede considerarse, a grandes rasgos, dividido en tres partes : 

Del Capítulo 1 al 7,  trata de la calidad y variedad de los sacrificios. 

Del Capítulo 8 hasta el 23,  de los sacerdotes y Levitas, de su consagración y oficios,  y de varias preparaciones y purificaciones que debían preceder;  de los animales puros e impuros y de las diferentes especies de pecados y modo de castigarlos y expiarlos.

Finalmente,  del Cap 24 en adelante y hasta el fin de libro,  trata de los días de fiesta, del culto del Tabernáculo y se dan leyes acerca de los diezmos, votos y promesas. 

Es conveniente conocer que los sacrificios de los animales, fueron instituidos primero para dar a Dios el culto debido a su majestad infinita (pública confesión de su supremo dominio sobre todo lo creado);  en segundo lugar, quiso Dios, según sienten comunmente los Santos Padres, con el precepto de tales y tantos sacrificios, ocupar religiosamente a los Hebreos y apartarlos del impío culto de los ídolos,  y finalmente,  todas aquellas víctimas y sacrificios eran otras tantas profecías y prefiguras del sacrificio de Cristo :  profecía cuyo sentido, como observa San Agustín (Contra Faust. Libro 20, 18),  respetaban y entendían muchos, aunque la mayoría de los judíos no tuviese este conocimiento expreso.

Los cristianos, al leer este libro debemos considerar cuanto mejor es nuestra condición que la del antiguo pueblo de Dios:  ventaja que  explica el Apostol Pablo en su Carta a los Hebreos,  Cap. 7, 27,  y cuánto debemos a nuestro Divino Redentor Jesús que hecho Pontífice nuestro, ha reunido en el sacrificio de su Cuerpo y de su Sangre todos los saludables efectos de que eran figura las hostias y los sacrificios de la antigua Ley.  

Asímismo,  hallarán en este libro los sacerdotes de la Nueva Ley y también utilísimos documentos para que nuestras vidas sean más perfectas,  cuanto más santo es y divino su ministerio. 

MOISÉS Y LA ALIANZA SINAÍTICA

MOISÉS Y LA ALIANZA SINAÍTICA

DIOS LLAMA A MOISÉS  (Ex 3)

Recordemos que Moisés era un hombre perteneciente al pueblo de Israel.  Dios lo salvó de las aguas del río,  y cuando era ya adulto, le ordenó que hablara con el Faraón de Egipto para que dejara libre al pueblo de Israel.  Como sabemos,  el Faraón y el pueblo Egipcio recibieron diversos castigos (Ex 5),  siendo el último de ellos la muerte de todos los primogénitos,  desde el hijo del Faraón hasta el más humilde habitante.

De este castigo sólo se salvaron los hijos del pueblo de Israel,  pues sus casas estaban señaladas con la sangre del cordero,  según lo había mandado Yahvé (Ex 12, 3-14).

Después de estas calamidades,  el Faraón dejó libre al Pueblo de Dios y Moisés los guió hacia la tierra de Sinaí :  "Yahvé iba al frente  de ellos,  de día  en columna nube para guiarlos por el camino, y de noche en columna de fuego para alumbrarlos, de modo que pudiesen marchar de día y de noche."  (Ex 13,21).

Posteriormente,  Dios abrió las aguas del mar rojo para que pasaran los Hijos de Israel.

LA ALIANZA SINAÍTICA (Ex 19 )

Algunas semanas después del paso del Mar Rojo llegan al Sinaí y acampan al pie de la montaña. Dios establecerá entonces un pacto fundamental con las tribus liberadas, por el que llegarán a ser SU pueblo. Desde el acontecimiento del Éxodo comienza a existir el pueblo de Israel como nación y como pueblo de Dios.

La tradición que nos narra la manifestación de Dios en el Sinaí en medio de fenómenos naturales impresionantes -truenos, relámpagos y terremotos- busca mostrar a Dios como dueño de la creación y de los elementos. Y, al mostrarlo exigiendo al pueblo una purificación, exalta la santidad de Yahvé Dios.

Dios entrega una ley que tendría que guiar a Israel tanto en el plano jurídico como también en el moral y religioso. Pero la alianza es mucho más que eso, porque reitera la promesa que Dios le hiciera a Abraham;  la alianza es mucho más : ES LA PROMESA Y EL COMPROMISO FORMAL DE SER PARA SIEMPRE EL UNICO DIOS Y SALVADOR DEL PUEBLO.

Significa su presencia constante y protección segura. Significa que así como es el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, será también para siempre el DIOS DE ISRAEL, SU PUEBLO.

De parte del pueblo, la alianza no es sólo el compromiso de cumplir un código, sino fundamentalmente la decisión de que ese cumplimiento sea signo eficaz de un pueblo agradecido frente al Dios Salvador. El cumplimiento de la ley mostrará el corazón del pueblo amigo de Dios, a quien ama y conoce. El cumplimiento de la ley será, asimismo, signo de que el pueblo quiere ser salvado por Dios.

Se debe tener siempre en cuenta que la Alianza celebrada al pie del Sinaí es el núcleo de todo el Antiguo Testamento. Todo, aún las grandes novedades anunciadas para un futuro por los profetas, hacen referencia a la Alianza. Es el gran compromiso de Dios con su Pueblo y del Pueblo con su Dios.