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Palabra Creadora

INTROD. EPÍSTOLAS DE SAN PABLO, II

INTROD. EPÍSTOLAS DE SAN PABLO,  II

SAULO EL PERSEGUIDOR 

(1 Cor 15, 9; Gal 1, 13.23; Flp 3, 6; 1 Tim 1, 12s; Hch 7, 58; 8, 1-3; 9, 1-2; 22, 30; 26, 10)

Aunque los textos hablan de persecución de la iglesia, sólo se refieren a una fracción de la misma, a los helenistas.  De momento, los cristianos que siguen frecuentando el templo con los doce se ven libres de la represión.  Entonces es que los helenistas se distinguían por una actitud más radical (Hch 6, 13s). En su requisitoria profética, Esteban acusa a los judíos de haber resistido siempre al espíritu de Dios; condena el culto del templo y presenta a Jesús como el verdadero profeta prometido por Moisés.  En compensación, sus acusadores le tachan de seductor y le aplican la sanción prevista en el Deuteronomio contra los que intentan apartar al pueblo de la ley de Moisés (Dt 13, 2-6). 

En los textos de Pablo, hay un término que aparece en varias ocasiones,  el de celo (Gal 1, 14; Flp 3, 6). Adquiere todo su sentido cuando lo relacionamos con unos cuantos pasajes del Antiguo Testamento y de la doctrina de los zelotes. La palabra celo no resulta una buena traducción de la raíz qn que sirve en hebreo para designar una actitud de adhesión apasionada.  En efecto, la originalidad de la religión mosaica consiste en haber presentado a Yavé como un “Dios celoso”, esto es,  como un dios exclusivo y excluyente, a diferencia de los dioses extranjeros tan acomodaticios para con las demás divinidades.  El celo de Dios es la seriedad misma de su divinidad, que no puede situarse en plan de igualdad con ningún otro dios.  Como pago a su alianza, Yavé exige una adhesión exclusiva a él; y entonces el celo designará naturalmente la actitud de los israelitas verdaderamente fieles a la alianza, muy parecida a veces a un fanatismo intransigente.  Así,  por ejemplo, la escritura, alaba por su celo al sacerdote Fineés que traspasó con su lanza al israelita y a la mujer madianita culpables de haber participado en el culto licencioso a Baal.  Elías, después de haber exterminado a los 450 profetas de Baal, se presenta ante Dios con estas palabras:  “Me consume el celo por el Señor, Dios de los ejércitos, porque los israelitas han abandonado tu alianza (1 Re 19, 10.14). 

Al principio de nuestra era,  el movimiento zelote se inspiraba en esos mismos principios. ¿Fue quizá Pablo zelote? No es posible afirmarlo, pero se cree que lo mismo que muchos de los fariseos, sintió vivas simpatías por el movimiento extremista. 

¿Cuáles fueron los motivos que condujeron a Saulo a perseguir a los seguidores de Jesús de Nazaret?  ¿Sería acaso la idea de que un crucificado no podía ser el mesías, ya que por su suplicio se había convertido en un maldito de Dios, según una exégesis de Dt 21, 23 a la que Pablo dará la vuelta con habilidad en Gal 3, 13?  Semejante explicación no permite comprender por qué la persecución se dirigía sólo contra los helenistas,  y no contra las doce que seguían acudiendo al templo. 

Parece que fue otra razón más grave la que motivo la actitud de Pablo.  Con su genio teológico, tuvo que vislumbrar ya entonces las consecuencias extremas de la actitud de Esteban respecto al templo.  Era todo el sistema de la ley el que se veía amenazado y consiguientemente el lugar de Israel en el mundo, si era cierto que la ley aseguraba al pueblo su marco de existencia.  La conducta de Pablo entonces “supone que el cristianismo se le presentó como una apostasía respecto a la ley, la fe cristiana como una negación de su ideal de una estricta observancia de las prescripciones de la ley”  (Dom Dupont).

 

Fuente: San Pablo en su tiempo -  Edouard Cothenet

 

 

 

 

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