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Palabra Creadora

EVANGELIO DE SAN JUAN, (V)

EVANGELIO DE  SAN JUAN,   (V)

DEL PRIMER MILAGRO EN CANÁ AL SEGUNDO  (CAP 2-4) 

La escena de Caná es el “ primer signo” (2, 11);  y así,  como ocurre con una puerta giratoria,  se cierra la revelación inicial y, a la vez, se abre la sección siguiente.  Ésta concluye en 4, 54, donde se nos cuenta que la curación de un funcionario áulico en Caná “fue el segundo signo realizado por Jesús viniendo de Judea a Galilea”.  El tema de la substitución está presente en las acciones y palabras del Maestro en los tres capítulos así señalados. 

En el milagro inicial de Caná (2, 1-11), al que Juan denomina “signo”, Jesús substituye el agua obligatoria en las abluciones judías (contenida en tinajas de piedra con una capacidad en total de más de quinientos litros) por un vino tan bueno que el maestresala se admira de por qué razón el vino mejor ha sido guardado para el final.  Este vino representa la revelación y sabiduría que Jesús trae de parte de Dios (Pr 9, 4-5; Eclo 24, 20) y que cumple la profecía veterotestamentaria de la abundancia de vino en los días mesiánicos (Am 9, 13-14;  Gn 49, 10-11).  En la narración se entremezcla un motivo secundario que implica a la madre de Jesús, cuya petición de tono familiar a favor de los recién casados (“No tienen vino”) es rechazada por Jesús porque su hora no ha llegado aún.  La persistencia de la madre, sin embargo –un tributo a las palabras de su hijo (“Haced lo que él os diga”)-, le lleva a cumplir su ruego original.  Lo mismo ocurre en el segundo signo en Caná,  en el que la insistencia del funcionario real torna victoriosa su petición tras un rechazo inicial (Jn 4, 47-50;  7, 26-29).  La madre de Jesús volverá a aparecer a los pies de la cruz (Jn. 19, 25-27), donde se completa su incorporación al discipulado al convertirse en la madre del Discípulo amado.  En el entretanto,  gracias a un versículo de transición (2, 12), nos enteramos de que ella y los “hermanos” de Jesús lo siguen hasta Cafarnaún, pero no más allá cuando comience su ministerio público en Jerusalén. 

La sección siguiente (2, 13-22) está situada en la capital cerca de la Pascua, y trata de la actitud de Jesús hacia el Templo.  Esta perícopa tiene paralelos en dos escenas de los Sinópticos: la purificación del Templo (Mc 11, 15-19. 17-28 y par.), que tiene lugar poco antes de que Jesús sea condenado a muerte, y la de los testigos en el proceso ante el Sanedrín, en la noche anterior a la crucifixión, quienes testifican en falso que Jesús había dicho que destruiría ese santuario (Mc 14, 58; Mt 26, 61; cf. Hch 6, 14).  En Juan estas escenas están combinadas y colocadas al principio de la vida2 pública;  el dicho sobre el Templo aparece en labios de Jesús (pero  como “Destruid” y no como “Yo destruiré”); la substitución no afecta a otro Templo, sino al mismo, que será levantado de nuevo.   

 

Fuente : Evangelio según Juan,  Raymond Brown.

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