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EVANGELIO DE MARCOS - PARTE VI

EVANGELIO DE MARCOS - PARTE VI

REFLEXIÓN DE LA PASIÓN DE N. S. JESUCRISTO SEGÚN SN. MARCOS

En el Evangelio según San Marcos la pasión de Jesús tiene todo el drama y la tragedia que sugieren la repetitiva traición,  no sólo de Judas, sino también de sus discípulos y de Pedro.  Todo cuanto Jesús ha predicho se cumple minuciosamente.  Cuando la mujer desconocida unge a Cristo,  lo está preparando para su funeral.  Más tarde, la preparación y celebración de la cena pascual es la despedida y el legado de Jesús a sus discípulos en esta última comida compartida.  Es el contraste entre la entrega de Judas y la autoentrega de Jesús para la remisión de los pecados. 

En Marcos,  Jesús sufre en el huerto de Getsemaní,  se siente abandonado por todos.  Su soledad se manifiesta al alejarse de todos sus discípulos,  luego de sus tres predilectos para caer finalmente en tierra solo,  suplicando al Padre que aparte de El ese caliz.  Sin embargo,  Jesús acepta la voluntad del Padre y con el beso de Judas es entregado a la turba enviada por los sumos sacerdotes y escribas.

Es el momento en que sus discípulos huyen al igual que el joven que prefiere correr desnudo a quedarse a reclamar la sábana que lo cubre. 

Marcos relata que Jesús fue condenado por el Sanedrín,  pues lo hallaron culpable cuando Jesús confiesa que es El Hijo de Dios.  Esa identidad de Jesús es verificada después de su muerte y abre el debate posterior de que la injusta condena acarrea la destrucción de Jerusalén por los Romanos.

Marcos describe el proceso en el cual Jesús es entregado a Pilato,  es decir,  a Roma y establece un paralelo entre los dos juicios,  en cada uno hay una figura principal y representativa,  del lado de los judíos el Sumo Sacerdote y   del imperio Romano,  Pilato.  Ellos formulan la pregunta clave que afecta sus intereses: Sanedrín ¿Eres tú el Mesías el hijo del Bendito?   Pilato (Roma)  ¿Eres tú el Rey de los Judíos?

El proceso está viciado por falsos testigos,  Pilato sabe que Jesús ha sido entregado por envidia,  sin embargo,  el fallo es condenatorio en cada uno de los juicios.  Como profeta por el Sanedrín y como Rey de los Judíos por los soldados romanos.  El resultado es que es entregado a los soldados romanos para que lo crucifiquen y más tarde Pilato es el personaje que certifica la muerte de Jesús.

Los que ayudan a Jesús en Marcos son dos desconocidos: Simón de Cirene y José de Arimatea,  este último un piadoso miembro del Sanedrín,  que tuvo la audacia de pedir el cuerpo del Señor a Pilato y la delicadeza de ofrecer un sepulcro nuevo para sepultarlo.

Se recalca que cuando el Señor expira Dios lo vindica al rasgarse el velo de separación del Templo, lo que le quita su santidad y un gentil reconoce la verdad que el sumo sacerdote no pudo aceptar :  “Verdaderamente ese hombre era el hijo de Dios.”

Las mujeres también merecen especial mención,  ellas habían servido a Jesús en Galilea y le habían seguido hasta Jerusalén.  Observan a distancia la muerte de su Maestro,  toman nota del lugar donde es enterrado y se constituyen el vínculo entre la muerte y el descubrimiento de la tumba vacía,  que revela la resurrección.  Ellas compraron aromas para ungirlo y ellas mismas corroboraron que la piedra que tapaba la sepultura había sido removida: la tumba estaba abierta y el cuerpo de Jesús había desaparecido.   Un joven,  probablemente un ángel hace la sonora proclamación: “Ha resucitado… os precederá en Galilea,  donde le veréis”.  No obstante, ellas atemorizadas huyen y no dicen nada a nadie.

A manera de reflexión podemos decir que el Evangelio de San Marcos al narrar la actitud de Jesús nos ayuda a ver que su muerte es consecuencia del pecado del hombre y que el Señor la acepta por amor,  como expiación al Padre. 

 

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