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Palabra Creadora

INTRODUCCIÓN AL NUEVO TESTAMENTO

INTRODUCCIÓN AL NUEVO TESTAMENTO

LOS EVANGELIOS SINÓPTICOS.

¿CÓMO SE FORMARON?

Primero fue la predicación oral de los apóstoles, cuyo centro era la muerte redentora y resurrección del Señor,  pero muy pronto también,  con el fin de ayudar a los predicadores  y a los catequistas cristianos, se reunieron por temas comunes los principales “dichos” de Jesús. 

Vestigios de lo anterior los tenemos todavía en nuestros evangelios actuales: estos “dichos” están a menudo unidos unos con otros por palabras-clave a fin de facilitar la memorización.  En la Iglesia primitiva había también narradores especializados, como los “evangelistas”,  ver Hechos 21, 8;  Efesios 4, 11; 2 Timoteo 4, 5,  que contaban los recuerdos evangélicos bajo una forma que tendía a fijarse por la repetición.

Sabemos también,  gracias a dos testimonios independientes,  que el segundo evangelio fue predicado por Pedro antes de ser puesto por escrito por Marcos.  Y Pedro no fue el único testigo ocular entre los que anunciaban a Cristo;  sin duda,  tampoco los otros tenían necesidad de documentos escritos para ayudar a su memoria.  Pero es claro que un mismo suceso tenía que ser narrado por ellos según formas literarias diferentes

Con referencia estas formas de narrar,  tenemos como caso típico la narración de la institución de la Eucaristía.  Antes de escribirlo a los fieles de Corinto,  sin duda Pablo lo refirió oralmente según una tradición particular,  ver 1 Co 11, 23-26,  conocida también de Lucas, ver cap 22, 10-20.  Pero el mismo relato se nos ha transmitido,  con variantes importantes,  según una tradición conocida de Mateo,  ver Cap 26, 26-29 y de Marcos cap. 24,  22-25.

Es,  pues,  en la tradición oral donde hay que buscar la causa primera de las semejanzas y las divergencias entre los Evangelios Sinópticos.  Sin embargo,  esta tradición oral no es capaz por sí sola de dar cuenta de las semejanzas tan numerosas como sorprendentes,  tanto en el detalle de los textos como en el orden de las perícopas,  que sobrepasan las posibilidades de la memoria,  incluso la antigua y oriental.  Por lo tanto,  para  explicar el origen de nuestros evangelios es necesario recurrir a una documentación escrita.

 

 

 

 

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