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Palabra Creadora

LOS LIBROS DE LAS CRÓNICAS (1a. Parte)

LOS LIBROS DE LAS  CRÓNICAS (1a. Parte)

El autor de las Crónicas es un levita de Jerusalén.  Escribe después de Esdras y Nehemías,  bastante tiempo después, puesto que puede combinar a su gusto las fuentes que a aquellos se refieren.  La fecha más probable parece ser el comienzo  de la época griega,  antes del año 300 a. C.  El libro   recibió después adiciones procedentes de una o de varias manos.  En especial fueron ampliados los cuadros genealógicos de 1 de Crónicas,  capítulos 2 al 9 y se añadieron listas de nombres,  probablemente las de los partidarios de David,  ver 1 Cro 12,  las de sacerdotes y levitas , 1 Cro 15 y la larga adición del 23, 3 al 27, 34, que es un recuento del  personal cultual y administrativo de David.

Estos complementos, que posiblemente utilizaron excelentes documentos, siguen la línea del pensamiento del Cronista, quien muestra gran interés por el Templo.  El clero desempeña en su obra un papel preeminente,  no sólo los sacerdotes y levitas,  según el espíritu del Deuteronomio y de los textos sacerdotales del Pentateuco,  sino también las clases inferiores del clero,  los porteros y los cantores, equiparados en adelante a los levitas.  La santificación del clero se extiende a los seglares mediante la participación de éstos en los sacrificios de comunión,  que ante el Cronista recuperan su antigua importancia.

Esta comunidad santa no se restringe exclusivamente a los de Judá:  por encima de la apostasía del reino de Israel, del que habla lo menos posible, se imagina a las Doce Tribus unidas bajo el cetro de David y, por encima de las circunstancias del momento, espera la reunión de todos los hijos de Israel.  Ni los mismos paganos quedan excluidos de la oración del Templo.  “Israel”  es para él todo el pueblo fiel, con el que Dios había concertado en otro tiempo una alianza y con el que ha renovado aquella alianza en la persona de David.  Bajo David se realizaron mejor que nunca las condiciones de la teocracia del reino de Dios sobre la tierra;  y en el espíritu de David debe vivir la comunidad, con un afán constante de reforma que es una vuelta a las tradiciones, para que Dios le conserve su favor y cumpla sus promesas.

El centro de interés permanente de esta larga historia es el Templo de Jerusalén y su culto,  desde los preparativos bajo David hasta la restauración llevada a cabo por la comunidad que regresó del Destierro.

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